Columnas de Álvaro Ríos Roca
Febrero 2025

CHINA – EE. UU.: GUERRA FRÍA ENERGÉTICA E INGENUIDAD EUROPEA

Por Álvaro Ríos Roca — Ex Ministro de Hidrocarburos de Bolivia · Socio de Gas Energy Latin America

Álvaro Ríos Roca
Álvaro Ríos Roca
Ex Ministro de Hidrocarburos de Bolivia
Socio de Gas Energy Latin America

El orden global al que estábamos bastante acostumbrados en Occidente, y que se impuso después de la Segunda Guerra Mundial, nos hace ver que indiscutiblemente hay un cambio de paradigma y mira en otra dirección. La llegada de Trump al poder no hará más que acelerar este proceso que tiene como eje fundamental una especie de guerra fría entre China y EEUU.

Con Trump en el poder, Europa —entendemos— irá quedando marginada como aliada fundamental. Para EEUU y sus intereses solo queda un rival al frente: China. Así lo percibió el pueblo estadounidense y por eso llevó nuevamente a Trump al poder. Esta especie de guerra fría tiene muchas aristas y un fuerte asiento en la energía y lo tecnológico. Las amenazas de Trump y el embate contra TikTok no se dejaron esperar. A días de sentarse en el poder, llegó sorpresivamente DeepSeek para contrarrestar a Nvidia y otras poderosas firmas tecnológicas de EEUU en el ambiente de la inteligencia artificial. Vaya casualidad. Pero entremos en materia de algo que conocemos: la energía.

Empezaremos con la bullada "transición energética", que nos llevaría hacia energéticos más limpios y que contribuirían notablemente para frenar el calentamiento global y tener un planeta eléctrico. Una especie de mindset (mentalidad) universal que llevó a la celebración de numerosas cumbres mundiales que terminaban en elocuentes y rimbombantes discursos y acuerdos, pero en la práctica básicamente no pasaba nada.

El impulso a las nuevas y limpias, pero intermitentes, energías alternativas tenía un impulso decidido de la Unión Europea (UE). Obviamente, el viejo continente no cuenta con recursos fósiles fáciles de extraer y tiene que importarlos. Eso los hace dependientes y no fortalece su economía. De ahí el fuerte impulso tecnológico y mediático para promover paneles solares, turbinas eólicas y baterías de almacenamiento más competitivas y eficientes.

EEUU, por supuesto, se encaminaba en la misma línea, hasta que irrumpe con fuerza la tecnología (2007–2012) para sacar competitivamente ingentes recursos de shale oil y shale gas (petróleo y gas de esquisto) que tienen en el subsuelo. Así, las dos fuerzas políticas estadounidenses se dividen: los demócratas, a favorecer e impulsar las renovables, y los republicanos más inclinados a favorecer los shales.

Basta recordar que, solo hace dos décadas, EEUU era un gran importador de petróleo y gas natural (GNL). Hoy en día, es el primer productor mundial y gran exportador de petróleo. Es también el primer productor de gas natural en el planeta y exporta a México y Canadá por gasoducto, y vía GNL al mundo. Finalmente, hay que clasificar y definir que los demócratas son más soñadores y los republicanos más prácticos. Bueno, ahí va: Drill baby drill (perfora muchacho, perfora).

En todo este escenario de intenso debate sobre transición energética y eliminar de la tierra los odiados combustibles fósiles, China emerge como ganadora absoluta. Mientras los países de la UE frenaban el ingreso de automóviles de combustión interna e instalaban parques solares y eólicos por doquier (recuerden, energías intermitentes), China incrementaba el uso del sucio carbón, derivados de petróleo y gas natural para hacerse más competitiva. Vaya ingenuidad la europea.

Lo más interesante e impresionante es que, muy hábilmente, China se posicionaba como el proveedor casi único de los elementos de la transición energética. A finales de 2023, China manufacturó aproximadamente el 80% de las baterías eléctricas que demandó el planeta. En relación con los paneles solares, la producción de ese país representó también el 70% y los molinos de viento cerca del 70%. La fabricación de vehículos eléctricos representó el 60%. Entiendo que esas cifras son mayores desde 2024.

Es que China, muy hábilmente, controla casi toda la cadena de abastecimiento y producción de estos cuatro elementos, base de la transición energética y giro hacia un planeta totalmente eléctrico y descarbonizado. Es decir, una especie de monopolio mundial en la provisión de todo lo requerido. Esta transición es esencialmente minera (litio, cobre, cobalto, níquel y otros minerales raros). Lo que es importante y paradójico de entender, es que, para producir minerales y fabricar millones de baterías, billones de paneles solares, millones de molinos y de vehículos eléctricos se necesita ingentes cantidades de combustibles fósiles, en particular diésel, para la minería.

Ahora entiendan, queridos lectores, la posición de EEUU y de Trump de imponer incentivos de producción de petróleo y gas natural y poner salvaguardas a los productos chinos de la bullada transición energética. Y la UE quedó ingenuamente atrapada en las telarañas de su propio bebé. Peor aún, sin gas de Rusia y ahora debe depender en gran parte del GNL importado de EEUU.

Álvaro Ríos Roca fue ministro de Hidrocarburos de Bolivia y actualmente es socio de la consultora Gas Energy Latin America.

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